Integrar sistemas viejos sin reescribirlos
Muchas pymes tienen un sistema que funciona pero no se comunica con nada. Reemplazarlo no siempre es la mejor decisión.
Es habitual encontrar un sistema de gestión de hace diez o quince años que sigue haciendo bien lo que tiene que hacer, pero que quedó aislado: no factura electrónicamente, no exporta al banco y no habla con la tienda online. La primera reacción suele ser reemplazarlo por completo.
El costo de reescribir
Un reemplazo total implica migrar datos históricos, reentrenar al personal y convivir un tiempo con dos sistemas. Es un proyecto largo y con riesgo alto, y muchas veces el sistema viejo no era el problema.
La alternativa
Construir una capa de integración: procesos que leen y escriben en la base existente y exponen lo necesario hacia afuera. El sistema sigue igual para el usuario y gana las funciones que le faltaban.
Cuándo no alcanza
Cuando la base de datos no tiene integridad, cuando no hay forma de acceder a los datos sin pasar por la interfaz, o cuando la tecnología ya no corre en sistemas operativos soportados. Ahí el reemplazo deja de ser una preferencia y pasa a ser una necesidad.
Cómo decidirlo
Un relevamiento de dos o tres jornadas suele alcanzar para saber en qué caso está cada empresa. Es mucho menos costoso que descubrirlo a mitad de un proyecto.